Anuario 2026

todos nos preocupa el bienestar de vuestros hi- jos y sabemos que queréis ofrecerles las mejores herramien- tas para crecer felices y preparados para afrontar los retos del futuro. Ed- ucar nunca ha sido una tarea sencilla, pero hoy vivimos una realidad diferente. Nuestros hijos están creciendo en un mundo lleno de oportunidades, pero también de riesgos, especialmente relacionados con la tecnología y las redes sociales. Como familias y como escuela, compartimos una misma responsabilidad: acompañarlos, guiarlos y enseñarles a utilizarlas de forma saludable. El mal uso de las redes sociales Las redes sociales no son malas por sí mismas. Son herra- mientas que permiten comunicarse, aprender y entretenerse. El problema aparece cuando su uso deja de ser un complemento y pasa a ocupar el centro de la vida de nuestros hijos. Cada vez observamos con mayor frecuencia niños que pasan varias horas al día delante de una pantalla. Esto puede provocar: Dificultades para mantener la atención, menor interés por otras actividades, alteraciones del sueño, irritabilidad cuando no pueden usar el dispositivo, problemas para relacionarse cara a cara y compara- ciones constantes con otras personas, afectando a su autoestima. Además, existen riesgos importantes como el ciberacoso, el acce- so a contenidos inadecuados, el contacto con desconocidos o la exposición excesiva de su vida privada. Nuestro objetivo no debe ser prohibir, sino educar. Los niños necesitan aprender a utilizar la tecnología con criterio. Igual que les enseñamos a cruzar la calle, debemos enseñarles a moverse con seguridad en Internet. La importancia de una rutina equilibrada La tecnología no puede sustituir experiencias fundamentales para el desarrollo infantil. Un niño necesita: Dormir las horas nece- sarias, jugar, leer, conversar con su familia, hacer deporte, aburrirse de vez en cuando, compartir tiempo con amigos sin pantallas. Po- demos preguntarnos: “¿Cuánto tiempo pasa mi hijo mirando una pantalla y cuánto tiempo pasa viviendo experiencias reales?” No se trata únicamente de limitar el tiempo, sino de ofrecer alternati- vas atractivas. Podemos establecer pequeñas normas familiares como: No utilizar móviles durante las comidas, evitar pantallas una hora antes de dormir, tener momentos familiares sin dis- positivos, mantener los móviles fuera de la habitación duran- te la noche y dar ejemplo como adultos. Los hijos aprenden mucho más de lo que hacemos que de lo que les decimos. Estrategias para apoyar el aprendizaje en casa El aprendizaje no ocurre únicamente en el colegio. Las familias desempeñan un papel fundamental. No h a c e falta ser experto en todas las materias. Lo importante es crear un ambiente que favorezca el aprendizaje. Algunas ideas son: Tener un horario estable para estudiar, prepa- rar un lugar tranquilo para hacer los deberes, evitar distracciones como televisión o móvil, preguntar qué han aprendido ese día, en lugar de preguntar solo por las notas, leer juntos desde pequeños y fomentar la curiosidad. La motivación nace cuando los niños si- enten que aprender tiene sentido. Cómo ayudarles a gestionar sus emociones Los niños también sienten estrés, tristeza, miedo, frustración o enfado. La diferencia es que muchas veces todavía no saben poner nombre a esas emociones. Nuestro papel consiste en acompañar- los. En lugar de decir: “No pasa nada.” Podemos decir: “Entien- do que estés triste.” En lugar de solucionar inmediatamente todos sus problemas, podemos preguntar: “¿Qué crees que podríamos hacer?” De esta forma desarrollan herramientas para resolver con- flictos y ganar autonomía. Un niño que aprende a reconocer sus emociones será un adolescente mucho más preparado para afron- tar las dificultades. La importancia de la autoestima La autoestima es uno de los mayores factores de protección frente a muchos problemas futuros. Un niño con buena autoesti- ma: Confía más en sus capacidades, tolera mejor los errores, es menos vulnerable a la presión del grupo y aprende con mayor se- guridad. ¿Cómo podemos fortalecerla? Elogiando el esfuerzo, no únicamente el resultado. Por ejemplo, en lugar de decir: “Qué lis- to eres.” Podemos decir: “Has trabajado mucho para conseguirlo.” También es importante permitirles equivocarse. Los errores no son fracasos. Son oportunidades para aprender. Detectar señales tempranas de dificultades de aprendizaje Cada niño tiene su propio ritmo de desarrollo. Sin embargo, algunas señales merecen atención: Dificultades persistentes para leer o escribir, problemas importantes para comprender instruc- ciones, bajo rendimiento mantenido pese al esfuerzo, gran dificul- tad para mantener la atención, rechazo constante hacia las tareas escolares, lentitud excesiva para realizar actividades y baja autoes- tima relacionada con el colegio. Detectarlas pronto permite inter- venir antes y ofrecer el apoyo adecuado. Por eso es tan importante la comunicación entre familia y escuela. Cuando trabajamos jun- tos, las posibilidades de éxito aumentan considerablemente. La transición a la Educación Secundaria El paso del colegio al instituto es un cambio que suele generar ilusión, pero también miedo e incertidumbre: Cambian los profe- sores, aumentan las responsabilidades, aparece una mayor exi- gencia académica y las relaciones sociales adquieren aún más im- portancia. ¿Qué podemos hacer desde casa? Transmitir confianza, escuchar sus preocupaciones, favorecer su autonomía, enseñarles a organizar el tiempo, valorar el esfuerzo más que las notas y re- cordarles que equivocarse forma parte del aprendizaje. Cuando un niño siente que sus padres confían en él, también empieza a con- fiar más en sí mismo. Esther Calomarde Olmedo Orientadora Educativa EP A Acompañando a nuestros hijos en un mundo digital 86 agustinosvalencia.com COLEGIO STO. TOMÁS DE VILLANUEVA

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